Se nos fue Margot, la maestra, la recopiladora, la compositora, la chilena que le sonrío a la tradición

 Margot

Se nos fue Margot. Pero su trabajo, incalculable para el alma de Chile, seguirá viviendo. Cantautora, recolectora, y conocedora de las tradiciones de esta tierra. Así era la Loyola, comadre de la Violeta y amiga de los simples que viven en el campo. Pianista, guitarrista y buena para reír, así era ella.

Su legado que sólo es comparable al trabajo que realizaron  Violeta Parra y Gabriela Pizarro es de los que perdurará por los siglos de los siglos mostrando esa tradición que hace que Chile sea un país.

Nacida en Linares un 15 de septiembre de 1918 esta Premio Nacional de Artes trabajó hasta sus últimos días en aquello que la hizo grande el rescate de las tradiciones chilenas.

La Tercera destaca que en el perfil a los Premios Nacionales que registra la Universidad de Chile se hace referencia a su metodología de investigación de nuestras raíces y que ella misma comentaba: “Todo lo que yo investigo está relacionado con el hombre. Por eso, cuando voy al medio me pasan dos cosas: primero vivo, no pienso. Vivo el paisaje, me emociono. Descubro al hombre y aprendo de él todo lo que pueda y quiera enseñarme”.

Y luego agregaba: “Gozo viendo caminar a una mujer. Me gusta oírlas, mirarlas, tocarlas, me gusta descubrir la dimensión humana. Así aprendo cosas que ni he pensado preguntar. La observación directa y el acercamiento personal son lo primero que experimento. Luego grabo y posteriormente estudio. Indago, veo parámetros musicales, rasgos estilísticos, etc.”

De su vasto legado bibliográfico-musical se destacan “Visión musical de Chile” (1980), “Bailes de Tierra en Chile” (1980), “Siempre Margot…” (1984), “El folklore de Chile” (1990), “Isla de Pascua: geografía musical de Chile” (1990), “El couple” (1990), “El cachimbo: danza tarapaqueña de pueblos y quebradas” (1994), “Voces del Maule” (1994), “21 temas del folclor” (1998), “La zamacueca” (1999), “Legado musical inédito de un Premio Nacional de Arte” (2001), “La Tonada: testimonios para el futuro” (2006), “Otras voces en mi voz” (2010) y “La cueca: danza de la vida y de la muerte” (2010).

Durante el 2014 presentó su último libro: “50 danzas tradicionales y populares de Chile”, el cual realizó junto a Osvaldo Cádiz, en una ceremonia que contó con la presencia de la Presidenta de la República, Michelle Bachelet.

Vida académica y reconocimientos

Los datos que recopilan los colaboradores de Wikipedia indican que desde 1972 se desempeñó como maestra de las cátedras de folclor y etnomúsica en el Instituto de Música de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, misma casa de estudios que en 1998 la nombró profesora emérita, y en el año 2006 la invistió con el Grado de Doctora Honoris Causa. La PUCV alberga también en su Fondo de Investigación y Documentación de Música Tradicional Chilena Margot Loyola Palacios, material de investigación, documentación y difusión de música chilena, principalmente, de tradición oral; gran parte de ello, recopilado por la propia Margot Loyola.

En 1996 recibe la Orden al Mérito Docente y Cultural “Gabriela Mistral”, en el Grado de Gran Oficial, siendo el reconocimiento más alto que se otorga a personalidades nacionales y extranjeras de gran jerarquía intelectual, que han prestado servicios eminentes a la Educación o a la Cultura y cuya labor docente o artística es de indiscutible reconocimiento público. En 1997 recibe la Medalla “Cruz de Bullaca al Gran Comendador” otorgado por el Gobierno de la República de Colombia, en reconocimiento a su incansable preocupación por el folklore latinoamericano. El año 2001 recibe el Premio a Lo Chileno, reconocimiento instituido por la Empresa IANSA; el Premio Chiloé de Extensión Cultural 2005, y la Distinción Pablo Neruda otorgada por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes en diciembre de 2005. En junio de 2010, la Universidad Arturo Prat de Iquique le otorgó el título honorífico de doctor honoris causa en reconocimiento a la labor pionera que desplegara más de medio siglo antes en la investigación y difusión de las culturas pampina y andina de la zona.

A lo largo de su vida además, fue nombrada Hija Ilustre de muchas ciudades de Chile, entre ellos, Valparaíso y su natal Linares.

En su reconocimiento como Figura Fundamental de la Música Chilena en 1995 otorgado por el SCD se señala que se le otorgó por la difusión, investigación y enseñanza de nuestro folclor son la gran herencia que esta cantora de campo ha legado a nuestro patrimonio musical. Ha llevado las tradiciones folclóricas de Chile a diversas partes del mundo, y las ha plasmado en documentos que hoy son indispensables para su estudio.

En primera persona

En 2010, la  folclorista nacional Margot Loyola contó su relación con Violeta Parra al periodista de La Tercera Mauricio Jürgensen. En esa oportunidad, dijo que la compositora de Gracias a la vida “era genial, yo nunca lo fui”.

En la entrevista señala la relación con su “comadre”: “Violeta me convenció desde la primera vez que ella cantó sola. Cuando le oí cantar La jardinera, me interesó y mucho. Inmediatamente le abrí mi corazón”, cuenta Loyola, y Parra hizo algo parecido.

En septiembre de 1997, el periodista Antonio Martínez conversó con Margot Loyola en una entrevista publicada en Revista Hoy que reproduce el sitio Paniko.cl bajo el titulo Margot Loyola: Buenas noches a todos.

Ahí se destaca lo que señala del 11 de septiembre de 1973:

—¿Le pasó algo después del Once?

—No me diga. Horrible, horrible, señor, estuve dos años sin voz. Estaba mal y no podía estar bien, porque había mucha gente sufriendo. Yo no vivo mi vida solamente, vivo la vida de todo mi pueblo y de todos los pueblos del mundo, y recibo como esponja todos los sufrimientos. Estaba muy mal, mirando por la ventanita para afuera; no podía cantar y no tenía nada dentro de mí, estaba como seca. Mal, mal: sufría por los que estaban sufriendo y como el hombre siempre sufre de alguna forma, porque uno no puede encasillarse dentro de uno. La gente vive para sí y no le importa que el del lado se esté muriendo.

—Dos años sin voz.

—Pasé dos años sin voz. Me vino una neurosis de angustia espantosa por tantos amigos y tantos familiares. Sufría por todos ellos, por mi pueblo, sobre todo por la clase campesina, que esperaba y que ha esperado siempre tanto y que sigue esperando, señor, porque esa es la verdad. Los pueblos del mundo siguen esperando, esa es la cosa. Yo quisiera ver algún pueblo feliz; parece que no lo he encontrado todavía.

—¿Pensó en exiliarse?

—No, porque no tenía necesidad. A mí nunca me pasó nada, tengo que decirlo claramente. Tuve muchos temores, pero seguí siendo auténtica, nunca torcí mi camino y pude pedir por muchos amigos.

—¿Le hicieron caso?

—Me hicieron caso, señor, gente que estaba presa, gente que la iban a matar incluso. Y hubo gente de derecha que me ayudó y esto también hay que decirlo: ahí está el hombre, ¿no le digo yo?, no está el partido político, está el hombre. Entonces eso es bueno y por ahí voy yo, por ese caminito.

Se nos fue la Margot, pero su esencia seguirá viviendo.

 

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